Jesús Sacramentado y Cuaresma
Cuando hablamos de la Eucaristía o el Santísimo Sacramento no nos referimos a un símbolo o formalismo, sino a la persona real y viva de Jesús. Pero, ¿cómo expresar todo lo que siento por mi amado Jesús? Cuando estás enamorado de alguien no puedes describir la experiencia en palabras, simplemente amas al amado, y algo similar sucede con Jesús Sacramentado.
Jesús Sacramentado es Cristo vivo y esta presente en la Eucaristía, el mismo que se entregó en la cruz por amor, se encuentra en el Santísimo Sacramento, Él permanece entre nosotros para sanar, liberar y transformar nuestras vidas.
Jesús Eucaristía, Dios del sagrario, venimos hoy a adorarte, postrándonos ante tu Presencia sacramental, con profundo dolor y pena, para reparar el sacrilegio cometido en estos últimos días, Venimos a pedirte perdón por estas ofensas, y a ofrecerte la miseria de nuestros corazones en reparación y en adoración, uniendo nuestras reparaciones y adoraciones a las tuyas en el Santísimo Sacramento.
Vivimos tiempos difíciles, en un mundo cada vez más complejo, hoy más que nunca proliferan ideologías que buscan confundir nuestra fe cristiana y a la sociedad en general, pareciera que no hay lugar para pensar en un mundo donde reine la esperanza ni la posibilidad de un futuro mejor. Sin embargo, nuestra fe nos dice otra cosa. A la luz de la pasión-muerte y resurrección del Señor, se han abierto caminos nuevos, la victoria de Cristo es también nuestra victoria y su lucha es también nuestra lucha.
En el tiempo de la Cuaresma se nos recuerda que no debemos bajar los brazos ni pensar que el mal tiene la última palabra. Este tiempo litúrgico nos ofrece numerosos elementos que nos ayudarán a estar más cerca del Señor y a creer que lo imposible, en Dios será posible.
Es por esto que les invito a que en este tiempo de gracia que comienza con un gesto sencillo pero a la vez significativo de la ceniza, entremos en un verdadero espíritu de arrepentimiento, que seamos capaces de reconocer nuestros pecados y a esforzarnos, junto con la gracia de Dios, a decir: hasta aquí, ¡basta! Con el miércoles de ceniza comienza este camino de gracia y conversión. Gracia, porque Dios siempre tiene preparados sus regalos para aquellos que le aman. Conversión, porque debemos lograr un cambio auténtico en nuestra manera de actuar. La conversión es parte del regalo de Dios, ya que si nos convertimos es, en gran parte por Él. El libro de las Lamentaciones termina de una manera muy bella con esta súplica: “Conviértenos a ti, Señor, y nos convertiremos” (Lm 5, 21).
No debemos olvidar que en la Cuaresma los actos de piedad son las herramientas básicas para disponer nuestro corazón a celebrar con fe la Pascua que es nuestra meta. Por medio de las prácticas de mortificación como son el ayuno y la abstinencia tenemos la oportunidad de mortificar el cuerpo para fortalecer el espíritu y así resistir al pecado y conquistar más fácilmente los bienes celestiales. La oración es fundamental para mantenernos unidos al Señor. Es en la oración donde descubrimos nuestro pecado, ya que es el mismo Señor quien nos lo muestra, pero al descubrir nuestra realidad, el Señor nos mueve al arrepentimiento por medio del dolor de nuestras fallas para buscar después la reconciliación y la paz a través de los sacramentos.
Yo en Él y Él en mí (Jn. 15,5), nada más importa. Aunque no sepamos qué decirle simplemente un “te alabo”, “te glorifico”, “acá estoy Jesús” y “te amo, con un amor imperfecto, pero te amo”. Con el correr de las visitas pude experimentar paz, dicha, hasta el punto de no querer irme y decirle a Jesús “quiero quedarme a vivir acá en el Santísimo”, un poco como le dice San Pedro a Jesús en la transfiguración: “Señor qué bien estamos aquí”(Mt. 17, 1-9).
Cuando estoy con Él, me siento plena, feliz. Hoy, hermanos, puedo decirles que no soy la misma persona que antes (Ef. 4, 22-24), porque Jesús me cambió la vida. Tenemos al Emanuel -que significa “Dios con nosotros” (Mt. 1,23)-, la Palabra se hizo carne y habitó entre nosotros, tenemos a Dios tan pero tan cerca que sólo hay que tener voluntad de permanecer en Jesús (Jn. 15,4).
Desde el sagrario, el Señor nos interpela y nos invita a reflexionar. ¿Cuántas veces vamos a adorar a Jesús? ¿Cuánto tiempo le dedicamos a estar con Él? ¿Qué nos está pasando? ¿Por qué dudamos? ¿Creemos que está vivo y presente o decimos creer, pero no creemos? ¿Acaso nos falta fe? ¿Estamos ocupados con tantas cosas y nos quedamos sin la mejor parte? (Lc. 10, 38-42). En esas situaciones de fragilidad, estamos invitados a decir a una sola voz: “Señor, creo pero aumenta mi poca fe; amo, pero aumenta mi poco amor; espero, pero aumenta mi poca esperanza; perdono, pero aumenta mi poco perdón; confío, pero aumenta mi poca confianza”.
En su debilidad, un amigo solía quejarse mucho ante los problemas. No obstante, un cambio en él lo llevó a que por cada queja hiciera tres agradecimientos, por ejemplo: Gracias por la vida, por la familia y por cada momento vivido contigo Señor. Frente a las dificultades cotidianas, nosotros también podemos hacerle pequeños ofrecimientos a Dios hasta lograr un verdadero cambio en nuestras vidas. Sin dudas, el mejor lugar para empezar con sinceridad es delante de Jesús Sacramentado.
Adoración al Santísimo Sacramento del Altar
ADORACIÓN
Eterno Padre, yo te agradezco porque Tu infinito Amor me ha salvado, aún contra mi propia voluntad. Gracias, Padre mío, por Tu inmensa paciencia que me ha esperado. Gracias, Dios mío, por Tu inconmensurable compasión que tuvo piedad de mí. La única recompensa que puedo darte en retribución de todo lo que me has dado es mi debilidad, mi dolor y mi miseria.
Estoy delante Tuyo, Espíritu de Amor, que eres fuego inextinguible y quiero permanecer en tu adorable presencia, quiero reparar mis culpas, renovarme en el fervor de mi consagración y entregarte mi homenaje de alabanza y adoración.
Jesús bendito, estoy frente a Ti y quiero arrancar a Tu Divino Corazón innumerables gracias para mí y para todas las almas, para la Santa Iglesia, tus sacerdotes y religiosos. Permite, oh Jesús, que estas horas sean verdaderamente horas de intimidad, horas de amor en las cuales me sea dado recibir todas las gracias que Tu Corazón divino me tiene reservadas.
Virgen María, Madre de Dios y Madre mía, me uno a Ti y te suplico me hagas partícipe de los sentimientos de Tu Corazón Inmaculado.
¡Dios mío! Yo creo, adoro, espero y te amo. Te pido perdón por los que no creen, no adoran, no esperan y no te aman.
Santísima Trinidad, Padre, Hijo y Espíritu Santo, te adoro profundamente y te ofrezco el preciosísimo Cuerpo, Sangre, Alma y Divinidad de Nuestro Señor Jesucristo, presente en todos los Sagrarios del mundo, en reparación de todos los ultrajes, sacrilegios e indiferencias con que El mismo es ofendido. Y por los méritos infinitos de su Sacratísimo Corazón y del Inmaculado Corazón de María, te pido la conversión de los pobres pecadores.
Editor mdc. (2021, July 2). Porque con Jesús Sacramentado, hasta el cielo no paramos. Misioneros Digitales Católicos MDC. https://misionerosdigitales.com/2021/07/porque-con-jesus-sacramentado-hasta-el-cielo-no-paramos/
Arquidiocesis de Monterrey. (2019, March 5). Mensaje de Cuaresma de nuestro Arzobispo. Noticias Arquidiocesis de Monterrey. https://www.arquidiocesismty.org/arquimty/mensaje-de-cuaresma-de-nuestro-arzobispo/
ARQUIDIÓCESIS DE YUCATÁN COMISIÓN DIOCESANA DE PASTORAL LITÚRGICA. (2016). HORA SANTA REPARADORA Y DE DESAGRAVIO AL SANTÍSIMO SACRAMENTO, https://arquidiocesisdeyucatan.org.mx/wp-content/uploads/2016/11/161103-Hora-Santa-reparadora-y-en-desagravio-1.pdf
EWTN. (2026). Adoración al Santísimo Sacramento del Altar. EWTN Global Catholic Television Network. https://www.ewtn.com/es/catolicismo/devociones/adoracion-al-santisimo-sacramento-del-altar-14701




.jpeg)
.jpeg)

Comentarios
Publicar un comentario