¿Qué es la santidad? Idea de un joven católico
"Llegar a ser santo es llegar a ser más plenamente tú mismo, a ser ese que Dios quiso soñar y crear, no una fotocopia" - Exhortación Apostólica del Papa Francisco
Un santo católico, desde la enseñanza constante de la Iglesia Católica, es ante todo alguien que participa de la santidad misma de Dios. La santidad no es una cualidad meramente humana ni un mérito autónomo, sino un don que brota de la gracia de Dios, tres veces Santo (cf. Is 6, 3). Jesucristo es el Santo de los Santos, plenitud de la revelación y modelo perfecto de obediencia al Padre; y el Espíritu Santo es el Santificador, quien actúa en el corazón del creyente configurándolo en comunión con Jesucristo.
Por ello, ser santo significa entrar en comunión viva con la vida de la santisima trinidad, permitiendo que la gracia transforme nuestra existencia cotidiana en una ofrenda agradable a Dios.
Dios Padre, nos creó con una vocación clara: la santidad. Esta llamada no es exclusiva de unos pocos, sino de todos los seres humanos, es decir universal, pues todos los bautizados participamos sacramentalmente de la santidad divina, es decir, el bautismo nos incorpora al cuerpo de Cristo, convirtiéndonos en hijos de Dios y templos del Espíritu Santo, lo que nos hace partícipes de la vida y santidad divina por gracia de Dios. Cristo mismo nos enseñó a confiar plenamente en el Padre cuando dijo: «Pedid y se os dará; buscad y hallaréis; llamad y se os abrirá» (Mt 7, 7).
Los bautizados de la Iglesia Católica participamos de la santidad de Dios, los santos canonizados por la Iglesia Católica son justos, es decir, la iglesia reconoce cualidades y virtudes en él, ellas y ellos, por tanto, la biblia los llamaría justos, porque se alinearon totalmente a Dios y al evangelio, con lo cual, se nota que Dios pudo obrar con su gracia en él, ella, ellas, o ellos al grado de la santidad.
Santo es aquel consagrado a Dios para su servicio, el justo hace la voluntad de dios, el justo tiene una relación con la ética y moral, actúa rectamente, no significa perfecto, significa alineado, fiel a Dios y fiel a la justicia de Dios. Nosotros como bautizados somos santos pero en vías de perfección, los santos en vida alcanzaron una perfección posible en la tierra por gracia de Dios, son seres humanos que la Iglesia Católica reconoce que están en comunión con Dios, están en su presencia y que su intercesión puede alcanzar favores o "milagros" mediante la gracia de Dios, es decir los milagros los hace Dios, solo que el santo esta cara a cara con Dios y puede interceder, es decir orar y rogar por nosotros, pero todo bautizado es santo llamado a la plenitud y santidad. Así, la santidad se construye en la relación filial con el Padre, sostenida por la gracia y alimentada por la vida sacramental.
Desde la perspectiva bíblica, el santo es el “justo”, aquel que se alinea totalmente con la voluntad de Dios y vive conforme al Evangelio. La Escritura llama justos a quienes caminan en fidelidad, obediencia y amor. En este sentido, la Iglesia, al canonizar a un santo, no “fabrica” la santidad, sino que reconoce públicamente que en esa persona la gracia divina obró con tal plenitud que su vida se convirtió en testimonio del Reino de Dios. Se trata de hombres y mujeres en quienes se hizo visible la acción transformadora del Espíritu Santo, hasta el punto de reflejar con claridad el rostro de Cristo.
Jesús nos invita como a sus discípulos a ser luz del mundo: «Brille así vuestra luz delante de los hombres, para que vean vuestras buenas obras y glorifiquen a vuestro Padre que está en los cielos» (Mt 5, 16). La santidad, por tanto, no es intimismo ni aislamiento, sino testimonio público de caridad y verdad. Vivir en el amor; entendido como participación del amor incondicional de Dios; implica dejar huellas concretas del Evangelio en nuestra historia. Las buenas obras no son simple filantropía, sino expresión visible de una vida transformada por la gracia de Dios, que conduce a otros a glorificar a Dios Padre.
En definitiva, un santo católico es aquel consagrado a Dios para su servicio, que ha permitido que la gracia configure su voluntad con la de Cristo. Es el justo que hace la voluntad del Padre, que vive en obediencia y caridad, y cuya existencia manifiesta que Dios puede obrar maravillas en la fragilidad humana. La santidad no es perfeccionismo moral, sino comunión profunda con Dios que se traduce en amor concreto. Así, los santos canonizados son faros que nos recuerdan a toda la Iglesia su vocación originaria: ser pueblo santo, es decir nos hace un llamado a reflejar en el mundo la luz de Cristo.




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