San Benito Abad

 

Introducción

San Benito Abad, también conocido como San Benito de Nursia, es una figura central del monacato occidental y patrono de Europa. Su vida, su Regla monástica y su legado espiritual fundamentan también la devoción a la medalla que lleva su nombre. En este blog analizaremos brevemente su vida, su contribución a la espiritualidad de protección contra influencias negativas, envidias y malicia, y un enfoque especial sobre la Medalla de San Benito como sacramental.



Vida y contexto de San Benito

Nacido hacia el año 480 d.C. en Nursia (Italia) en una familia noble, San Benito estudió en Roma pero pronto vio que el ambiente moral y espiritual no era conforme con su aspiración al ideal cristiano.  Tras retirarse a la zona de Subiaco como ermitaño y luego fundar el monasterio de Montecassino en 529 d.C., compuso una “Regla” que marcó la vida monástica para siglos.  Su lema “ora et labora” (reza y trabaja) sintetiza su propuesta espiritual.



San Benito y la lucha espiritual contra el mal

San Benito fue reconocido en la tradición por su capacidad de evitar tentaciones, artimañas del mal y mantener firmeza espiritual. Por ejemplo, se cuenta que fue objeto de envenenamiento por monjes que rechazaban su disciplina, lo cual le convirtió en testigo de cómo el mal intenta infiltrarse por medio de la envidia, la malicia y la traición. En este sentido, su figura se vuelve modelo de resistencia ante influencias negativas espirituales y morales.



Protección espiritual: la medalla como sacramental

La medalla de San Benito es un sacramental de la Iglesia católica que, mediante fe y devoción, es utilizada como signo de protección contra los ataques del mal, incluyendo la tentación, la envidia, la malicia interpersonal y las influencias espirituales negativas.  Como se indica en los materiales católicos, “esta medalla ha sido considerada eficaz para … proteger a las personas que son tentadas, engañadas o atormentadas por espíritus malignos”.


Estos símbolos refuerzan la idea de que la medalla no es un amuleto mágico, sino un instrumento sacramental de fe que llama la protección de Dios mediante la intercesión de San Benito. Como señala un artículo: “La medalla posee gran poder de exorcismo y liberación de influencias demoníacas; sin embargo, su eficacia no reside únicamente en su apariencia física”.


Cómo se utiliza la medalla para protección

El uso del sacramental se vincula a la fe, al combate espiritual y a la coherencia de vida. La medalla puede llevarse al cuello, colocarse en el rosario, en la casa, en el auto o en la base de una edificación, para “invocar la bendición y protección de Dios a través de la intercesión de San Benito”. Algunos aconsejan que la medalla sea bendecida por un sacerdote, aunque cualquier sacerdote puede hacerlo. Además, la oración a San Benito para alejar influencias del mal es parte de la espiritualidad popular. 



Influencias negativas, envidias y malicia: contexto espiritual

En el mundo espiritual católico, influencias negativas como la envidia, la malicia, los murmullos, las habladurías y las artimañas del maligno son consideradas reales y activas. En este marco, la figura de San Benito y su medalla se presentan como defensa: no solo contra demonios literales, sino también contra actitudes humanas corruptas que dañan la paz personal y comunitaria. Por ejemplo, se dice que la medalla puede “proteger de las artimañas demoníacas” y “de influencias que pretenden perturbar la paz del hogar, el trabajo o la vida espiritual”.

El origen de la medalla es incierto

En el siglo XVII, durante un juicio de brujería en Alemania, unas mujeres acusadas testificaron que no tenían poder sobre la Abadía de Metten porque estaba bajo la protección de la cruz.

Cuando se investigó, se hallaron en las paredes del recinto varias cruces pintadas rodeadas por las letras que se encuentran ahora en las medallas. Más adelante, se encontró un pergamino con la imagen de San Benito y las frases completas que sirvieron para escribir esas abreviaturas.

Con la medalla se puede obtener indulgencia plenaria

La medalla, como se le conoce ahora, es la del jubileo de 1880 por los 1400 años del nacimiento del santo. Fue lanzada exclusivamente por el superior abad de la famosa abadía benedictina de Monte Cassino en Italia.

Con ella se puede obtener la indulgencia plenaria en la Fiesta de San Benito, que la Iglesia celebra el 11 de julio, siguiendo las condiciones habituales que manda la Iglesia: confesión sacramental, comunión eucarística y oración por las intenciones del Papa.

Cuando San Benito hacía la señal de la cruz obtenía una especial protección divina

Cierta vez quisieron envenenar a San Benito. El santo, como era su costumbre, hizo el signo de la cruz sobre el vaso y el objeto se partio en pedazos.

En otra ocasión, un pájaro negro empezó a volar a su alrededor, San Benito hizo la señal de la cruz y tuvo entonces una tentación carnal en la imaginación. Cuando estaba casi vencido, ayudado por la gracia, se quitó las vestiduras y se arrojó a un matorral de espinas y zarzas, lastimando su cuerpo. Después de ello nunca volvió a sufrir una tentación similar.

La medalla tiene gran poder de exorcismo

La medalla de San Benito es un sacramental reconocido por la Iglesia con un gran poder de exorcismo. Los sacramentales son “signos sagrados con los que, imitando de alguna manera a los sacramentos, se expresan efectos, sobre todo espirituales, obtenidos por la intercesión de la Iglesia”.

El Catecismo de la Iglesia Católica establece que por los sacramentales “los hombres se disponen a recibir el efecto principal de los sacramentos y se santifican las diversas circunstancias de la vida”.

La medalla muestra a San Benito sosteniendo una cruz y el libro de sus reglas

A ambos lados del santo dice: “Crux Sancti Patris Benedicti” (Cruz del Santo Padre Benito). Se puede ver también una copa de la cual sale una víbora y un cuervo. De manera circular aparece la oración: “Eius in óbitu nostro preséntia muniamur” (A la hora de nuestra muerte seamos protegidos por su presencia). En la parte inferior central se lee: “Ex. S. M. Cassino MDCCCLXXX” (Del Santo Monte Cassino 1880).

Las siglas de la medalla en el reverso y su significado

C.S.P.B.      “Cruz del Santo Padre Benito”.
C.S.S.M.L.  “La santa Cruz sea mi luz” (crucero vertical de la cruz).
N.D.S.M.D. “Que el dragón infernal no sea mi guía” (crucero horizontal).

En círculo, comenzando arriba hacia la derecha:

PAX         “Paz”.
V.R.S.      “Vade Retro Satanás”.
N.S.M.V.  “No me aconsejes cosas vanas”.
S.M.Q.L.  “Es malo lo que me ofreces”
I.V.B.        “Traga tú mismo tu veneno”.




San Benito Abad sigue siendo un modelo valioso para la vida cristiana: su experiencia, su lucha contra el mal y su propuesta de vida monástica ofrecen recursos para enfrentar las influencias negativas, la envidia y la malicia. La medalla de San Benito complementa esa espiritualidad al proporcionar un sacramental que, bien entendido y usado con fe, invita a la protección divina y a la firmeza ante el mal. Como se expresa en la tradición: “Que la santa cruz sea mi luz; que el dragón no sea mi guía”. Que este signo nos inspire a caminar con valentía y paz en medio de los desafíos espirituales de nuestra época.



Las enseñanzas de San Benito, nacido en Nursia en torno al 480 d.C., son una de las levaduras más fuertes para el nacimiento de la cultura europea, tras la decadencia de la civilización romana. Es el punto de partida para la difusión de centros de oración y de hospitalidad. No es solamente faro del monacato, sino también un manantial providencial para pobres y peregrinos. “Deberíamos preguntarnos”, escribe el historiador Jacques Le Goff, “a qué excesos se habría visto abocada la gente del Medievo, si no se hubiera alzado esta voz grande y dulce”. Una voz en la que se detiene un biógrafo de excepción: San Gregorio Magno, en el Libro II de los “Diálogos”.




“Un astro luminoso en un siglo oscuro”
Para San Gregorio es “un astro luminoso” en una época marcada por una grave crisis de valores. Procede de una familia noble de la región de Nursia. En el lugar donde se según la tradición estaba la casa natal del santo, fue construida la basílica de San Benito. Su vida, desde la juventud, está marcada por la oración. Los padres, acomodados, lo envían a Roma para asegurarle una adecuada formación. Pero aquí, relata San Gregorio Magno, encuentra a jóvenes dados a la mala vida y arruinados por el vicio. Benito, disgustado por ese estilo de vida, deja Roma. Llega primero a una localidad llamada Effide (hoy Affile), y después vive como eremita, en una cueva de Subiaco; destinada a convertirse en el monasterio benedictino “Sacro Speco”. Este periodo de soledad precede a una etapa fundamental en su camino: la llegada a Montecasino. Aquí, entre las ruinas de una antigua acrópolis pagana, San Benito y algunos discípulos construyen la primera abadía de Montecasino.




La Regla
A San Benito, hermano de Santa Escolástica, se le atribuyen numerosos milagros. El milagro más duradero del padre de la orden benedictina, es la composición de la Regla, escrita en torno al 530 d.C. Es un manual, un código de oración para la vida monástica. El estilo es familiar. Desde el prólogo hasta el último de los 73 capítulos, Benito exhorta a los monjes a aguzar “el oído del corazón” y a “no desesperar nunca de la misericordia de Dios”: «Escucha, hijo, estos preceptos de un maestro, aguza el oído de tu corazón, acoge con gusto esta exhortación de un padre entrañable y ponla en práctica, para que por tu obediencia laboriosa retornes a Dios, del que te habías alejado por tu indolente desobediencia».





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