Milagro Eucarístico en Roma, Italia, 1610
En el año 1610, ocurrió el siguiente acontecimiento: un sacerdote, durante la celebración de la Misa, sintió dudas respecto a la presencia real de Cristo en el pan consagrado (la hostia). Inadvertidamente, la hostia cayó al suelo —concretamente sobre los escalones del altar de la Capilla Caetani— y dejó una huella visible en el mármol, además de una mancha de sangre. Esa huella permanece hasta nuestros días.
El milagro tuvo lugar en la Basílica de Santa Pudenziana, en Roma (Italia). Esta iglesia es una de las más antiguas de la ciudad y, según la mayoría de los historiadores, se edificó sobre la casa del senador Pudente, quien habría hospedado al apóstol Pedro. Dentro de esta basílica se encuentra la Capilla Caetani, donde ocurrió el hecho milagroso.
A diferencia de otros milagros eucarísticos en los que la Hostia se transforma visiblemente en carne o sangre, este acontecimiento dejó una señal física y duradera en el mármol, como testimonio silencioso de la presencia divina. La marca, perfectamente conservada, puede observarse aún en la Capilla Caetani, protegida por un cristal y venerada por los fieles que visitan la basílica. La textura del mármol alterada por el contacto con la Hostia consagrada se considera un signo tangible de la acción sobrenatural de Dios, visible incluso después de más de cuatro siglos (Frati Minori Osimo; El Debate, 2023).
Según los relatos conservados por la familia Caetani y la diócesis de Roma, un sacerdote celebraba la Eucaristía en la capilla privada de dicha familia. En el momento de la consagración, el ministro comenzó a sufrir una fuerte duda interior sobre la presencia real de Cristo en el pan y el vino. Al elevar la Hostia, su mano tembló y el Santísimo Sacramento cayó sobre el escalón de mármol del altar. En ese preciso instante, el sacerdote quedó asombrado al ver cómo la Hostia dejó una marca indeleble, una huella redonda acompañada de un leve rastro rojizo que parecía sangre (The Real Presence Association, 2006).


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