Concepción
Cabrera de Armida nació el 8 de diciembre de 1862, en San Luis Potosí, dentro de una familia con un profundo espíritu cristiano y destacados fieles católicos, pertenecientes a la clase social alta de México de finales del siglo XIX y principios del siglo XX.
Realizó sus primeros estudios en San Luis Potosí; con las que aprendió a leer y escribir, las cuales eran señoras educadoras o maestras potosinas, pioneras en la educación de las mujeres en San Luis Potosí, México.
Además, estuvo estudiando con las Hermanas de la Caridad, que llegaron a México en un contexto de inestabilidad política y social.
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Fue bautizada el día 10 del mismo año en la sacristía de la Catedral (hoy templo de San Juan de Dios). Fue confirmada el 5 de mayo de 1866. Desde pequeña dio muestras de ser alegre y juguetona, queriendo participar con sus hermanos en sus juegos, pero como era noble su candor, que se reflejó en sus ojos hasta al último día de su vida, era bromeada con ello, llamándole Inocencia.
Poseía una gran piedad y se forjó en una profunda vida espiritual bajo la dirección del canónigo Luis Gonzaga Arias Rivera, tío suyo, con cierto énfasis en la penitencia –oculta para los demás, con una capa de sencillez, naturalidad y alegría-. Sobre la educación cristiana ella dice: “Mis padres fueron excelentes cristianos. En las haciendas siempre rezaba mi padre el Rosario con la familia y los peones y gente del campo, en la capilla. Cuando por alguna ocupación urgente no lo hacía, quería que yo lo supliera. A veces llegaba antes que cualquiera, y a la salida me regañaba de mi poca devoción. Decía que mis Padrenuestros y Avemarías andarían paseándose en el purgatorio y nadie los quería de mal rezados”. También se inclinaba mucho por la oración y la soledad.

Su obra comenzó
en 1889, después de asistir a un retiro espiritual bajo la dirección del Padre
Antonio Plancarte, donde comprendió que su misión era salvar almas, y su
obra comenzó organizando los mismos ejercicios para 60 mujeres.
Posteriormente
como obra: “Dedicó su vida a promover una profunda espiritualidad centrada en
la Cruz y en el Sagrado Corazón de Jesús, con el objetivo de renovar la vida
cristiana y sacerdotal. A través de la fundación del Apostolado de la Cruz (1894), la Orden de Religiosas de la Cruz del Sagrado
Corazón de Jesús (1897), la Alianza de Amor con el
Sagrado Corazón de Jesús (1909), la Fraternidad
de Cristo Sacerdote (1912) y los Misioneros del Espíritu Santo
(1914), su obra buscó formar apóstoles y consagrados comprometidos
con la santidad, el amor redentor de Cristo y la renovación espiritual de la
Iglesia, especialmente del sacerdocio.”
A partir del año de 1894, se fue clarificando el papel que tendría como inspiradora y fundadora de las cinco Obras de la Cruz. Lo anterior, en medio de sus labores, como esposa y madre de familia, llena de compromisos y visitas. Un hecho que marcó su itinerario espiritual, fue la visión que tuvo de la Cruz del Apostolado, mientras oraba en el Templo de la Compañía de Jesús en San Luis Potosí. Poco a poco, el Señor fue llamándola, hasta conquistar su interior, compartiéndole sus mismos sentimientos. Desde luego, tuvo que enfrentarse a la incomprensión, pues no todos entendían, cómo era posible que una mujer casada, fuera mística y fundadora, sin embargo, los prejuicios de su tiempo, resultaron insuficientes para detenerla en el cumplimiento de su misión, la cual, a su vez, había sido confirmada por sus directores espirituales.
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